Hace falta tan poco

Estando aún en mi consultorio, un lunes por la mañana, me llega un mensaje de alguien muy importante para
mí, con palabras de esas que te llenan el alma, refiriendo a cierta virtud mía, la cual reconocía y agradecía. Mi primera reacción fue: “¿Qué le pasó?... ¿se habrá equivocado?... ¿Me está reenviando un mensaje que le mandaron para compartirlo conmigo?”… Le digo “No entiendo, ¿alguien te mando esto?” y me responde: “No, te lo mandé yo”. Su respuesta me genera una alegría interior indescriptible, lo cual, unos minutos después se traduce en sentimiento de paz.

Salgo del consultorio y subo a mi auto camino a casa, reconfortada por lo que acaba de pasar. Sigo conduciendo cuando de pronto vienen a mi cabeza varios pensamientos:

-        “Hace falta tan poco para alegrarle el día a alguien”
Fueron unas pocas palabras en el momento justo, por la mañana, cuando estamos empezando el día, cuando aún se pueden hacer muchas cosas con ese “combustible” que alguien acaba de proporcionarnos

-        “Esa virtud personal ¿era desconocida para mi?”
Si era desconocida… ¡Que gozo! Alguien se dio cuenta de algo que produce luz en mí persona, lo cual indica varias cosas: 1) algo en mi produce luz, 2) no pasa desapercibida, 3) alguien tiene la generosidad para tomarse tiempo para mandarme el mensaje y decírmelo

Si era conocida… ¿Por qué me sorprendió tanto que alguien me lo dijera? ¿Por qué me reconfortó tanto? Si, ya se, a estas alturas algunos estarán pensando, “A todos nos hace bien que nos reconozcan algo” o “Já… Mirá la psicóloga… tiene problemas de autoestima”. Las opiniones las dejo al libre albedrío del lector, yo, prefiero profundizar un poquito más.

Si bien es necesario el reconocimiento del otro, considero que el combustible que me llegó hoy gratuitamente, todos lo tenemos a mano, apenas inicia el día, con solo redescubrirnos seres valiosos de la creación, seres con cualidades únicas, algo que nos hace irrepetibles, que hace que el universo tome un color distinto por mi sola presencia

-        “Alguien importante para mi”
Quien enviaba el mensaje era importante para mí, quizás la persona más importante en mi paso por este mundo y por eso me impactó de ese modo. Pero esto me llevó a pensar que lo que me dijo y en mi caso, conocido por mí, ¿Por qué a veces no lo reconozco?, ¿Por qué, en fin… no lo disfruto?... Si lo sé, ¿no soy acaso la persona más importante para mí? Y esto no significa desprenderme de los demás, sino desprenderme de mi dependencia hacia los demás que a veces nos causa y causa a los otros tanto dolor  y sufrimiento.

-        “Puedo hacer lo mismo por otros”
Ya había llegado a mi casa cuando se me vino este pensamiento. Y si bien me considero una persona a quien no le cuesta reconocer virtudes en los demás y manifestarlo, incluso cuando se trata de otras mujeres (veo que hay mujeres para quienes esto es casi un parto), repito, si bien, suelo reflejar a los demás aspectos positivos de su persona, porque lo considero terapéutico, hay momentos (generalmente cuando estoy encerrada en mis problemas) en los que esa capacidad se ve afectada… considerablemente.

Y entonces volví al principio… como en círculo… hace falta tan poco para alegrarle el día a alguien… y puse manos a la obra: Agradeciendo por esas palabras llenas de amor, alegrándome por las cosas positivas que reconozco en mí,  contando conmigo misma e intentando que vos... cuando leas esto te hayas puesto a pensar en las virtudes que tenés y eso te haya dado paz.